Mientras la provincia avanza en nuevas flexibilizaciones y los tucumanos van retomando de a poco actividades que los unen, el Centro de Salud sigue minuto a minuto la evolución del único paciente grave que hoy permanece internado por coronavirus. El hombre nació en Santa Cruz de la Sierra y tiene 42 años. Hace una semana se confirmó el test que dio positivo de coronavirus y desde entonces se encuentra en una sala especialmente acondicionada para pacientes con la enfermedad que atemoriza al mundo. Sedado y con asistencia respiratoria, el hombre, que además padece obesidad, está solo. Su mujer aguarda los partes médicos desde Bolivia y los recibe a través de whatsapp. Durante más de una semana no tuvo noticias sobre su marido desde el día en que salió de casa. Los separan más de 1.000 kilómetros. Y también el miedo y la impotencia. Porque si hay algo que saca a la superficie esta enfermedad tirana, es su agresividad cuando menos lo esperamos. Los médicos contaron en LGPlay que el conductor tuvo una descompensación cardíaca y renal por lo que le colocaron drogas para mantener la función cardíaca.
La semana pasada la mujer pidió a las autoridades del Ministerio de Salud ver a su marido. Los especialistas se lo permitieron y por medio de una videollamada acompañó a su esposo. Por razones de seguridad, la familia no puede viajar a nuestra provincia. Mientras tanto, en Tucumán las autoridades decidieron endurecen los controles para el ingreso de transportes de carga a la provincia. Desde ahora solo se puede entrar entre las 6 y las 23 y como máximo permanecer un día en la provincia.
Preocupa sobremanera el ingreso de choferes que llegan desde zonas con circulación comunitaria de covid-19 como Buenos Aires. Y no es para menos. “Por día Tucumán recibe entre 700 y 900 camiones, de los cuales entre un 50% y un 60% son locales, y el resto, foráneos”, contó a LA GACETA el titular la Cámara de Transporte de Tucumán, Eduardo Reynoso. La salud atraviesa lo particular y lo general. El caso del camionero boliviano, fue una bomba de tiempo para el sistema sanitario local y puso a sus agentes a rastrear como sabuesos los pasos del hombre con precisión.
Los tucumanos quieren volver a la normalidad o al menos acostumbrarse a una nueva, pero el desafío es aprender a convivir con la amenaza de un virus al que le perdimos el respeto y hemos empezado a subestimar. Hoy iniciamos otra etapa y sería bueno que las imágenes que ilustren las crónicas no sean similares a las de la última flexibilización, cuando el Comité Operativo de Emergencia anunció que podían realizarse actividades deportivas al aire libre, individuales y sin contacto. Sin respetar distancias y desoyendo las recomendaciones los tucumanos “corrieron” a la calle a desafiar su propio bienestar. Los bares y restaurantes podrán abrir desde hoy, y aunque el horario no resulta atractivo para propietarios y ya cosecha voces en contra (hasta de algunos funcionarios, que presentaran su queja ante el COE) las puertas estarán abiertas para recibirnos. Hay una gran responsabilidad de los funcionarios en cuanto a administrar con criterio los controles y saber cómo reaccionar frente a cada situación. También hay una gran responsabilidad social que debería llevarnos a tomar conciencia, sobre todo teniendo en cuenta nuestras propias experiencias.